VIAJE A MARRUECOS, INSHALA (si Alá quiere.)
El cuerpo viaja más rápido que la mente, así que estoy aquí, pero como si estuviera allí. Cierro los ojos y sólo veo una Medina tras otra. Por mis oídos sigue entrando sin cesar esa frase mil veces escuchada: “¿Quieres visitar mi tienda?. No comprar, sólo mirar”. Mi olfato se afana en no desprenderse del exquisito olor de los omnipresentes dulces con miel y los aromas de las especias. Mi gusto sabe a tajine, a harira y a pastilla. ¿Y el tacto?. Es el que más echa de menos todo aquello, dado que en el mundo árabe el contacto físico es mucho más frecuente que aquí.
Hemos vuelto hace unas cuatro horas y ahora toca poner en marcha la segunda parte de este relato. Al igual que la primera estaba llena de incertidumbres, ésta contará con bastante información y muchas impresiones personales, que como siempre, no tienen por qué coincidir con las de otr@s viajer@s que hayan visitado el país.
Primero publicaré el relato en este foro. Posteriormente copiaré una especie de diario corto que hemos ido escribiendo día a día. Una vez concluido este proceso colgaré una amplia selección de fotos en mi álbum y por último se hará una fusión de fotos y relatos en mi Web.
UNAS LÍNEAS SOBRE MARRUECOS.
Marruecos es un país de marcados contrastes. Las autoridades se afanan mediante diversas campañas en seducir a los conductores para que no hablen por el móvil mientras conducen, pero la realidad demuestra que los marroquíes no saben todavía para que sirve un semáforo o viajan hasta ocho personas en un mismo vehículo.
El Ramadán es por una parte el acontecimiento religioso del año, dotado de gran sobriedad en el cumplimiento de sus preceptos como el ayuno diurno o la asistencia en masa a las mezquitas a la hora del rezo; pero por otra es sujeto de una gran frivolización. Así es posible ver anuncios de un supermercado que lanza sus “espléndidas ofertas del mes sagrado” o de una cámara de fotos con “precio de lanzamiento especial Ramadán”; comerciantes de alfombras que aseguran tener mejores precios “especial primer día de Ramadán” o aquel que sin reparos hace el siguiente chiste: “Por favor, entra en mi tienda. Que aquí no nos comemos a nadie. ¡¡No ves que estamos en Ramadán!!; o locutoras de informativos en castellano que muestran un largo reportaje sobre las virtudes del Ramadán para las marroquíes que quieran adelgazar.
El contraste entre la opulencia y la extrema pobreza –que no miseria- es el más fácil de identificar para aquellos que visiten la mezquita Hassan II de Casablanca y a continuación vaguen por los pueblos del sur de Marrakech, apenas sin asfaltar.
El contraste en los zocos: En ellos es posible encontrar desde objetos artesanales de cuantioso valor hasta otros que nadie querríamos ni regalados.
El contraste en el carácter. Se trata de uno de los pueblos más hospitalarios y amables que he conocido, pero a la vez siempre un@ acaba teniendo la sensación de que cada pregunta que te hacen va encaminada a conocer datos sobre tu forma de ser o tu capacidad económica para venderte algo.
El contraste en los métodos de ventas. Por un lado son persistentes, tenaces y auténticos linces para descubrir las debilidades compradoras de los clientes; pero por otros sus técnicas de ventas recibirían un rotundo suspenso por cualquier escuela de Marketing, dado que tratan al cliente más que como tal, como un auténtico billetero andante y parlante.
Y ese contraste se lleva hasta las comidas, donde es relativamente fácil encontrar en el mismo plato lo dulce con lo salado, como ocurre en la pastilla y en muchos tajines.
Con estas líneas no hay nada más alejado de mi intención que establecer unas conclusiones –este relato carecerá de ellas-. Se trata de todo lo contrario: fijar un punto de partida.
Estocolmo, Roma o Londres no se diferencian tanto de Fez, Marrakech o Rabat en que sean lugares más o menos bonitos. La auténtica diferencia es que en las tres primeras nuestra agenda diaria es fácilmente previsible y en las tres últimas, cada diez minutos surge una sorpresa (y el 90% de ellas son buenas).
EL RECORRIDO.
El recorrido se ha ajustado a las previsiones iniciales visitando los nueve sitios programados de antemano y haciéndolo en medio día menos de lo planificado.
Finalmente utilizamos transporte público en todo el itinerario. La mayor parte del recorrido lo hicimos en tren y en autobús los trayectos Tánger-Asilah, Marrakech-Essaouira, Fez-Chaouen y Chaouen-Tánger.
Los trenes en Marruecos no son de lo más confortable que he visto, pero si son muy limpios y extraordinariamente puntuales (más que en España). El personal de a bordo y de las estaciones es bastante amable y servicial. Las estaciones de Rabat, Casablanca, Fez, Meknes y Tánger están bastante céntricas, mientras las de Asilah y Marrakech están un poco alejadas. El precio del ferrocarril es muy barato en Marruecos.
La línea férrea nace en Tánger y se divide en dos en Sidi Kazem. Un ramal baja por Rabat y Casablanca hasta Marrakech. El otro se dirige hacia el este por Meknes y Fez.
En cuanto al autobús podríamos diferenciar tres clases:
-Supratours: Son propiedad de la ONCF (Compañía de Ferrocarriles de Marruecos) y cubren trayectos que no realizan los trenes, tipo Marrakech-Essaouira, Marrakech-Agadir o Tetuan-Tánger. Sus estaciones están al lado de las de trenes y poseen vehículos que parecen confortables. Y digo parecen, porque no cogimos ninguno. Para más información consultar la Web www.oncf.ma
-CTM: La compañía estatal de autobuses que cubre todo el territorio (aunque ha disminuido frecuencias) tiene autobuses confortables y relativamente rápidos, aunque a veces se pasan con el aire acondicionado. Visitar www.ctm.co.ma/ctm_index.htm (ahora mismo no está operativa).
-Empresas locales: Por lo general, se trata de autobuses viejos, incómodos y bastante sucios. Son mucho más baratos que los anteriores y tienen a su favor el poder disfrutar de un viaje realmente pintoresco. Pero claro, lo que parece pintoresco el primer día, al tercero cansa.
Día a día, el itinerario ha sido el siguiente
Día 1.- Madrid
Día 2.- Asilah.
Día 3.- Rabat
Día 4.- Casablanca.
Días 5 a 7.- Marrakech
Día 8.- Essaouira.
Día 9.- Viaje desde Essaouira a Fez
Día 10.- Fez.
Día 11.- Meknes,
Día 12.- Fez
Día 13.- Chaouen-Tánger
Día 14.- Tánger.
Día 15.- Tarifa.
Día 16.- Regreso (hoy).
En una primera pincelada indico que Asilah tiene una de las medinas más coquetas de Marruecos, Rabat una Casbah preciosa, en Casablanca es tan imprescindible como cara la visita a la Mezquita de Hassan II, Marrakech es la magia de Djemaa el Fna, Essaouira es una bonita ciudad amurallada y portuaria, pero muy sucia y descuidada; Fez es la más bonita de Marruecos, Meknes es la ciudad imperial que menos me gustó –aunque es bonita y debe su fama al Moulay Ismael-, Chaouen es una bonita localidad azul en el valle del Riff y Tánger merece una visita de medio día –eso sí, asediados por falsos guías, algunos de ellos algo violentos-.
EL ALOJAMIENTO.
Hemos dormido en hoteles buenos y regulares. Afortunadamente no nos hemos alojado en ninguno que podamos calificar como malo, pero claro, esto es muy subjetivo y depende del valor que le de cada un@ al alojamiento. En nuestro caso el alojamiento significa un sitio donde ir a dormir, que tenga unos servicios básicos, que sea limpio y que no esté demasiado viejo.
Es recomendable buscar los hoteles en las zonas nuevas de las ciudades y huir de los establecimientos de las medinas que suelen ser –salvo los Ryad, claro está- viejos, ruidosos, sucios y en algunos casos (subimos al baño de uno en Fez, porque el restaurante no tenía) siniestros
Por lo general, la experiencia me demuestra que por encima de los 20€ la habitación doble/noche se duerme en sitios bastante dignos equivalentes a un 2/3 estrellas español (al menos en temporada baja).
Entre 15€ y 20€ -por debajo de ese precio no estuvimos en ninguno, aunque los hay- los hoteles son algo viejos y fallan en el mantenimiento de instalaciones, muebles y grifería, pero están bastante limpios (no encontramos ninguno sucio y solamente vimos una pequeñísima cucaracha roja en el de Rabat). Los que viajen con presupuesto escaso pueden encontrar en estos establecimientos una buena opción, equivalente a lo que es una pensión en España
La seguridad de los sitios donde dormimos es buena y recomiendo no coger el desayuno si ello supone abonar dos o tres euros más por persona, ya que se desayuna por menos y más variado en la calle (je, je, salvo que sea Ramadán).
Nosotros finalmente no fuimos a ningún Ryad, pero si que recomiendo a quien reserve este tipo de establecimiento en las medinas de Marrakech o Fez, que acuerde con el hotel que le vayan a buscar a un sitio concreto fuera de la medina. Si no se hace así es posible que el hotel no se llegue a encontrar nunca. Los hay que están realmente muy escondidos en calles recónditas.









